Los movimientos feministas están teniendo importantes éxitos en la igualdad de oportunidades y en resultados sociales en la sociedad contemporánea. Sin lugar a duda, el movimiento debe continuar avanzando e intensificando sus fuerzas y su capacidad de impacto social y político.
Precisamente, porque debemos seguir avanzando, sublevan los errores que se cometen, que obstaculizan la incidencia social del feminismo y le resta capacidad de sumar a un mayor número de mujeres y también de varones, cuando no de instituciones y actores con un papel clave en la organización de nuestra sociedad.
Uno de los principales errores ha sido asumir que el varón es el hombre. Buena parte de los movimientos feministas han asimilado lo que ha sido la gran victoria ideológica del machismo: que el varón se apropiara con la palabra que designa a la especie humana: el hombre.
En el lenguaje común podemos definir al género masculino por tres palabras: hombre, varón o macho, y al género femenino por dos: mujer y hembra. La razón: el género masculino, los varones, se apropiaron de la palabra hombre que designa a toda la especie humana. En la actualidad, decir ser humano significa decir varón. La asimilación del varón al hombre significó conquistar la lengua para el machismo. De este modo la representación de la especie racional se le atribuye al varón en menoscabo de la mujer. Este es el principal éxito del lenguaje machista, confundir el varón con el hombre o especie humana.
Que fácil y lingüísticamente correcto hubiera sido, y es, reivindicar que especie humana o hombre tiene dos variantes mujer y varón. Y reivindicar que el género masculino o varón no se le llame hombre porque así los éxitos de la humanidad se los atribuyen los varones. La antropología ha demostrado que las primeras civilizaciones humanas nacieron a partir de la agricultura, y que fueron las mujeres las que crearon la agricultura y con ello la cultura humana propiamente dicha. Confundiendo la especie humana con el hombre-varón, se ha relegado a las mujeres de lo que fue su invención: la cultura humana.
Los movimientos feministas más importantes en vez de centrarse en algo tan fundamental como es separar al varón del hombre o especie humana, se han dedicado a hacer propuestas sobre el uso de los adjetivos y artículos. Han pretendido sustituir el masculino y el femenino por la letra arroba, @, o añadiendo siempre el os/as o el los/las, etc. Haciendo esto han logrado sonrojar a muchas mujeres, y envalentonado a los machistas ante una solución tan enrevesada. Por supuesto, estas medidas han tenido que ser rechazadas por la Academia de la Lengua Española.
Promover ridiculeces y desviar la atención sobre los temas fundamentales perjudica al feminismo y da alas al machismo o “varonismo”. Un buen punto de inflexión sería iniciar una movilización comunicativa para que a las personas del género masculino se les llame varones y no hombres. Y mientras no se logra la equiparación del género masculino a varón, utilizar ser humano o especie humana en vez del hombre cuando se habla de la especie, y nunca utilizar hombre o hombres cuando nos referimos a un varón o varones.
El lenguaje es clave, a través de este percibimos nuestro entorno y le damos significado. Por ello nos interesa un lenguaje que no discrimine, pero también mejorarlo para que nos ayude a percibir una realidad cada vez es más compleja.
Júlia Pascual. Psicóloga, docente, coach, supervisora clínica y directora del Centro de Terapia Breve Estratégica..